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La Universidad avala el potencial inversor del sector eólico en tiempos de crisis.

La institución anuncia importantes desembolsos en Europa tras fondear la boya oceanográfica que servirá para impulsar su investigación en energías renovables 04:53. Unos técnicos preparan, el pasado viernes, en Luanco, la boya oceanográfica vinculada al laboratorio eólico de la Universidad.

La implantación de parques eólicos marinos suficientemente alejados de la costa, donde su impacto ambiental y visual es mínimo, permitirá mitigar los efectos sociológicos que acompañan a este tipo de instalaciones. El gerente del cluster de Energía de la Universidad de Oviedo, Enrique Jáimez, reflexiona así sobre la necesidad de avanzar en nuevas acciones de investigación, desarrollo e innovación en parques experimentales como el que la institución académica promueve en la costa asturiana. Y lo hace tras la reciente botadura de la primera boya oceanográfica que permitirá obtener datos para la futura estación experimental «off shore» que la Universidad impulsa como uno de sus grandes proyectos en el marco de la iniciativa Campus de Excelencia Internacional. «El sector eólico evita la emisión de 126 millones de toneladas de dióxido de carbono, ahorrando 6,5 billones de euros en combustibles fósiles anualmente», defiende Jáimez.

Pero hay más ventajas. La institución docente destaca el potencial inversor de un sector que en plena crisis se mantiene como una industria en auge. El informe «PurePower III» de la Agencia Europea de la Energía Eólica señala que en 2020 la producción eléctrica de origen eólico en Europa será capaz de cubrir el equivalente en consumo eléctrico de todos los hogares de Francia, Alemania, Polonia, Reino Unido y España juntos. «Pero en su desarrollo aún tiene retos que vencer», argumenta Jáimez, firme defensor de este modelo de energías renovables. «En líneas generales existe un acuerdo de que debemos modificar nuestro estilo de vida para preservar el planeta, pero existen sectores que todavía se oponen a las renovables», añade.

El gerente del cluster de Energía de la Universidad considera que una de las razones por las que no se aceptan este tipo de instalaciones es la proximidad física a entornos habitados por el hombre. Para evitar cualquier atisbo de duda sobre las ventajas de esta fuente de energía, la Universidad es partidaria de la presentación de estudios serios de impacto ambiental, de protocolos de actuación para preservar la vida salvaje y del desarrollo de planes acordados con la población local para minimizar los impactos del tráfico pesado durante la construcción de los parques eólicos. A juicio del gerente del cluster, es necesario establecer políticas que muestren a la población las «enormes ventajas» que para las economías locales tiene la implantación de energías renovables.

El informe de la Agencia Eólica Europea señala que Dinamarca ha sido ampliamente superada por Reino Unido como el país que más fuerte está apostando por la generación eólica en el mar. El año pasado se instalaron 883 megavatios en Europa, alcanzándose una inversión de 2,6 billones de euros en sólo doce meses. Lamentablemente, afirma Jáimez, de los 148 gigavatios eólicos «off shore» (en alta mar) que se calcula estarán instalados en Europa, solamente 3,7 (entre parques demostración e industriales) se instalarán en las costas españolas.

La Universidad de Oviedo, que tiene en marcha en este momento un proyecto para la puesta en funcionamiento frente a las costas cantábricas de un parque experimental de energía eólica marina, defiende la necesidad de dar un empuje a este tipo de infraestructuras. «En el difícil escenario económico en el que nos encontramos, estas inversiones representan una innegable e irrenunciable oportunidad de negocio para las empresas de nuestra comunidad y de potenciación para el desarrollo de tecnologías aplicadas», apunta Jáimez, quien acude de nuevo al informe de la Agencia Europea para defender la capacidad de un sector que «en plena crisis económica continua su desarrollo». En el documento se explica que los Veintisiete países miembros de la Unión Europea van a multiplicar su potencia eólica instalada por un factor de 2,7 para 2020, prácticamente el triple de su capacidad actual.